El inbound y el outbound de las interrupciones

En marketing existen un par de conceptos llamados inbound y outbound que para simplificarlos, son las formas como nos entregan contenido a través de internet. El inbound nos llega cuando lo solicitamos y el outbound nos llega sin previo aviso

Esta pequeña explicación me sirve para contextualizarlos y poder hacer mi analogía con las interrupciones. En mi caso, las mayores interrupciones existen cuando me llegan avisos de WhatsApp sin ser solicitados (outbound) y cuando voy y reviso las redes sociales o el correo (inbound). 

Hoy en dia hay infinidad de cosas que nos sacan de «la zona» como lo dice el autor Mark Douglas en su libro Trading en la zona. Esa zona de enfoque pleno en esa actividad única que debemos hacer en el momento. 

Adicionalmente esas interrupciones pueden estar alimentando la procrastinación, ya que genera discontinuidad en la actividad y tendencia a aplazarla en el tiempo.

La forma más efectiva que he encontrado para combatir esta situación, es directamente aislándolas por completo… desinstalándolas de mi móvil y quitando accesos directos que me motiven a abrir cada segundo dichas aplicaciones en los diferentes dispositivos; mejor dicho, dificultándome la agilidad en la apertura de dichas distracciones

Hace varios años usé la estrategia time blocking que consiste en  definir por bloques de tiempo y apartar especios de un par de horas para tener enfoque en una única tarea, lo cual ayuda a darle su momento a cada cosa, sin dejar de lado los tiempos de oscio. 

Hasta ahora y luego de leer el capitulo 2 de Aprendizaje con poder de «Robert S. Feldman», veo que traen una estrategia muy similar que consiste en un calendario maestro y una agenda semanal con horas específicas para cada tarea en la cual le dan su correspondiente importancia a todas las cosas del dia. 

Antes de enlistar las tareas se sugiere darles una calificacion de 1 a 3 y me hizo recordar también la matriz de EISENHOWER, la cual nos detalla especificamente qué hacer con cada tarea. 

Cierro este pequeño ensayo, diciendo que «lo que no está agendado, no existe; no se hace«

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